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Él lector.

  • Foto del escritor: Bere Carbajal
    Bere Carbajal
  • 3 mar 2019
  • 2 min de lectura

Actualizado: 17 mar 2019


Hablar de ella sería como hablar de ese libro que encuentras en las bibliotecas, escrito en un idioma que no entiendes y por lo tanto no crees interesante; sí, ese que no te detienes ni siquiera para ojear, aquel que te preguntas porque fue adquirido por el bibliotecario.



Acaso es posible que nadie imaginará que entre sus páginas se encuentran narraciones mágicas que te trasladan a otro mundo, casi de manera profética, entre sus párrafos encontrarías los mejores temas de conversación, quedarás perdidamente enamorado de lo que está escondido entre cada renglón, de las experiencias y enseñanza que habrá en cada palabra, en fin con el tiempo sus pastas se fueron deteriorando, sus hojas empolvando, perdió el olor que lo caracterizaba, si ese olor a libro nuevo que te invita de manera desesperada que lo acompañes de un buen café y aquel color brillante que llamaba la atención, el dueño de la biblioteca decidió dejar de exhibirlo, llega el momento en el que creerías que nadie daría con él, será acaso que su vida terminó, que eso sea todo el camino que recorrió, pues no... que va eso es una gran mentira cierto día; 17 de marzo, de esos días lluviosos, donde la mejor idea es quedarte en casa tomando un chocolate caliente o una sopa aguada de esas que son de diversas figuritas, entra un hombre a la biblioteca, sacude su paraguas, lo deja en la estancia y comienza a caminar por los pasillos observando detenidamente cada uno de los títulos, de pronto se detiene en uno de los tantos andenes, se pone en cuclillas toma entre sus manos tan bello ejemplar y sonríe.

Su mirada de inmediato se iluminó, no lo podría creer, no perdió ni un segundo y comenzó a leer, en cada página que aquel hombre ojeaba, su mirada cambiaba estaba tan impresionado de lo que estaba leyendo, que no cabía en sí, cómo era posible que entre tantos libros y de tantas personas que día a día visitaban la biblioteca él haya sido el afortunado de encontrarlo, el idioma era perfecto ya que él lo entendía a la perfección.

¿Acaso estaba escrito por las estrellas?

¿Qué importaba?

Si sus páginas y sus ojos se habían encontrado por primera vez, de ese encuentro salían chispas de diversos colores que si las páginas ya no brillaban como antes era algo que ni tan siquiera se notaba. Y es que las mujeres somos así difíciles de leer, de entender, comprender, ¿y por qué no? un tanto aburridas, aclaro, si el lector no gusta de nuestro contenido, en cambio en las manos de alguien que guste de el nada es difícil; la realidad es que nada ni nadie pierde su valor por más que su apariencia no sea tan despampanante lo importante se encuentra dentro de cada persona y tarde que temprano llegar alguien que ame tu literatura, tu poesía por difícil que esta sea.



Avenida 29

 
 
 

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